El 2012, empezó para mí incluso
antes de que comenzara en los calendarios. A fines del año anterior, pasé meses
planeando, proyectando, y creando expectativas para el año entrante. Creyendo,
esperando, que de alguna manera lograría, no superar, pero al menos igualar al
perfecto 2011. Claro que en comparación, no le llega ni a los talones.
Este 2012 fue un año de primeras
veces, de experiencias nuevas, de gente que llega, de gente que se va. Lo mismo
de siempre dirán… pero se sintió diferente. Muy diferente.
Empecé totalmente enfocada en lo
académico. Con muchísimas pilas, y también ansiedad. Me enfoqué, y me propuse
objetivos que logre con creces. Y que honestamente, fue lo único que salió como
lo planeé.
Me entere de cosas que quería
saber hacía muchísimo, respuestas a mis preguntas que nunca quise formular.
Para mi sorpresa, estas respuestas trajeron más tristeza que alivio.
Abrí los ojos de muchas cosas, y
reafirme varias otras. Aprendí, y me conocí más a mí misma; mejor aún conocí a
la gente a mi alrededor. Mantuve mi palabra, en la mayoría de las
oportunidades. Y aquellas en las que no lo hice, considero que tuve razón en no
hacerlo.
Me convertí en el pilar, “la
psicóloga” de algunas personas. Y en el camino me lamenté mil veces por no
tener la capacidad de curar ciertos corazones. Me dolieron dolores de otros,
aprendí más que nunca lo que significa empatía.
Comprender y aceptar.
Dos palabras que definen mi relación con el entorno. Este año entendí que cada uno piensa
individualmente, y que no tiene sentido querer cambiar esa opinión. Es un gasto
de energía, que al fin y al cabo, no valdrá la pena. Acepté lo más que pude,
aquello que no… a veces lo dije, y a veces no.
Me opuse más que nunca a la
confrontación, quizás porque tuve demasiada. Me obligue muchas veces a callar,
porque “si no vas a decir algo lindo, no digas nada”. Me até eso, y sólo di mi sincera opinión cuando fue
pedida. Quizás es un error, quizás es hipócrita. Pero preferí callar, guardar;
a desatar tormentas que no quería pasar. Me sentí muchas veces atrapada,
agobiada; y me vi obligada a escapar, a estar sola… cada vez más y más. Y
gracias a eso, más se acentuaban mis ganas de no pelear, de no confrontar,
porque sé lo que es la tranquilidad de la soledad, y suena frívolo… pero me
encanta. A cada nueva tormenta le acompañaba un “ahí vamos otra vez” mío. Me
cansé de tanto, lloré demasiado, o llore muy poco… anda a saber.
Aprendí también que me cuesta
adaptarme. Los cambios son lindos, cuando los impone uno mismo.
No, no encontré el amor. Tuve
sapos a quienes besar, pero nada significativo, nada que me acelere el corazón…
ni nada que lo rompa. No significa que no tuve amor, tuve, y mucho, sólo que no
de la clase que algunas personas esperaban.
Me dolió, y disfruté a la vez no
poder cumplir ciertas expectativas ajenas. Es bien sabido que funciono mal ante
presión externa. Si alguien me va a presionar, tengo que ser yo.
Creo que una de las cosas más
importantes que aprendí este año, fue que la felicidad es efímera. La felicidad
es un momento, una sensación, que pronto caduca. Y al compararla con otros
momentos, éstos quedan totalmente relegados. Y ahí, decimos equivocadamente que
estamos tristes. La tristeza solo es tal comparada con la dicha.
Si me basara en ese tipo de
criterio, tendría que decir que el año 2012 fue tristísimo. Pero en realidad no
lo fue. Supongo que no tuve tantos momentos de felicidad, y por eso me
parecieron tan largos los momentos de “tristeza”. Pero al fin y al cabo, este
año trajo muchísimo aprendizaje. Este año, fue para mí. Fue todo mío.
Además de ser mío, este año estuvo
lleno de tormentas de amistad. Tornados diría yo. Pero de ellos, salí en casi
todos los casos sin más que con un par de rasguños. Y al tratar de no
involucrarme o al tratar de luchar… me di cuenta de muchas cosas. Sí, perdí
amigos. Sí, vínculos se debilitaron. Y sí, sufrí e hice sufrir mucho. Pero
quizás era necesario, es otra apreciación desde la aceptación. Y tal vez, es
mejor así. Que se sepa quién y cómo soy, mis pros y mis contras, mis virtudes y
mis contradicciones. Quizás de esa forma quien se quede voy a saber que es
verdadero.
Hoy, último día del 2012, a
pesar, y gracias a todo puedo decir que sé quién soy, y sé quiénes son mis amigos. Y
eso señores, no es algo que todos pueden decir.
Para el año que entra yo no voy
a pedir nada... voy a hacer pasar las cosas que quiero que sucedan, y dejaré
que el resto venga solo. Sé que me espera un año genial, porque estoy
determinada a tomar todas las oportunidades, a no dejar pasar ninguna.
2013, te espero.
-Bichu