Si no existe posibilidad de fracaso, la victoria no tiene sentido.

28 de febrero de 2013

Im-PARCIAL

Actúo como deseo. Ni siquiera sé si es libertad, o si estoy encadenada a mí otra vez.  A veces me da pena saber quién soy, y saber por ende, que no tengo la fuerza para cambiarlo. Odio pensar que necesito de la presencia de alguien más para hacerlo. Alguien que me quiera, o mejor… que me odie.

 Una vez que me di la libertad de escribir desde MI sentir, no puedo volver. Ya no puedo escribir imparcialmente, al menos no con continuidad. Supongo que tiene que ver con mi inestabilidad emocional, se me mezcla todo. Me di la posibilidad de escribir de mí porque se me pudría el interior. Necesitaba ser la víctima un rato, y dejar de camuflar todo. ¿Será demasiado confesar cosas en una web? Creo que lo más horrible sería que alguien se sintiese identificado, ofendido, con mis declaraciones. He estado ahí. Pero no puedo modificarme, lo expliqué antes. Es algo para mí, jamás malintencionado.

También odio tener que explicarme. Esa filosofía de que si alguien no te quiere como sos… then fuck off.


                                                                                                                     -Bichu

23 de febrero de 2013

Sentir

¿Cómo funciona esta magia? Puedo pasar meses, años, para quedar satisfecha con algo de lo que escribo. Pero si una noche me despierto a las 3 am con algo en la cabeza, en 10 minutos está listo. Entonces, ¿es inspiración? ¿O es talento? Amaría decir que es lo segundo. Pero no lo sé, solo sé lo que escribir me hace sentir.
Dejo todo en cada oración... cuando quiero. No es lo mismo involucrarse con algo o alguien en la vida, que con una historia y una hoja en blanco. Supongo que si no me involucro, aquello que escriba va a ser vacío.
¿Escribir por escribir, sirve? ¿Es de esas cosas que se concretan con práctica? Supongo que la práctica ayuda, pero... más allá de escribir "bien" o "mal" es otra cosa lo que importa de este arte. Transmitir es lo que hace que esto sea mágico. Hacer que la persona del otro lado sienta lo que uno sintió al escribirlo. Mejor, llevar a las personas a lugares que no sabían eran posibles. SENTIR es lo que importa.


“Algunas veces vivo y otras veces la vida se me va con lo que escribo” 

                                                                                                                          -Bichu

22 de febrero de 2013

Asfixiada

No es que no lo quisiera, lo quería. Pero me asfixiaba, me llamaba… me amaba. ¿Habrá sido su amor lo que me alejo? Me asusta sentirme querida, imagínate sentirme amada.
Para él asfixiar tenía su lado bueno. ¡¿Qué bueno puede haber en asfixiar a alguien?! La discusión era siempre la misma. Yo no quiero tus expectativas, amor. “Pero vos sos mía.” Linda forma de enterarme que soy tu propiedad. Los reclamos, los gritos, esa discusión que él siempre tenía en la punta de la lengua; y que después de los primeros meses juntos, dejé de ignorar. Su forma de amar era agobiante. Y a mí ya no me servía la pasividad. Ese veneno dentro de él se me contagiaba. Siempre tenía ganas de pelear, lo confrontaba la misma cantidad de veces que él me confrontaba a mí. No dejaba pasar un comentario, una mirada. Sólo quería que se cansara de pelear, o ¿estaba buscando una excusa para dejar...lo?

Ese día nuestra pelea se fue de las manos. Peleábamos sobre mi libertad. “La libertad no existe cuando uno está en pareja” Auch.  Si existe. Dame lo que me corresponde. “¿Libertad, para que me seas infiel?” Jamás, no había pensado en esa posibilidad. Más bien imaginaba mi libertad sentada con un whisky y un atado de cigarrillos lejos de casa, lejos de él. Su agresividad crecía, sus ojos se oscurecían. Nunca le tuve miedo, nunca hasta ese día. Creo que lo que más me asustaba de él, era lo que sacaba de mí. Su brazo tomó fuertemente el mío y me acercó a él. Era su forma de marcar su territorio, de declarar lo que era suyo. Siempre pensó que no me opondría a ser “suya”. Me llamo de muchas formas, las gritaba. Cosas hirientes salían de su boca… pero a mí no me herían, ese hombre me había congelado el corazón. Mi mano encontró su cara, se merecía ese cachetazo. Creo que por un momento no entendió que sucedía, pero cuando lo hizo… uf.  Me empujó alejándolo de él. No es que fuese tan fuerte, pero me deje caer en el suelo, con mis ojos pegados a los de él. Me levanté para tomar mi cartera, un encendedor, y me dirigí a la puerta.
No nos dijimos más nada y aún así terminé sin aire, le había advertido que me asfixiaba, pero no me escuchó. Los dos sabíamos que no había nada más, y antes de irme solté un “No me jodas, amor”.

                                                                                                               -Bichu

11 de febrero de 2013

Burbuja

Durante la mayor parte de mi vida me sentí fuera de todo. Como si estuviese en una burbuja aparte, vigilando todo lo que pasaba a mí alrededor. Hoy día, confirmo que así es. No estoy exactamente fuera de todo, pero soy una observadora. Por lo tanto soy más perceptiva, más empática.
Puede parece extraño, que alguien quiera permanecer fuera de la “acción”, de la vida. No me molesta ser incomprendida, sé que no todas las mentes comprenden mi lógica. Es increíble la cantidad de formas de pensar que existen.

Una vez me preguntaron que podía aprender mirando que no aprendiese experimentado. Supongo que muchas cosas se aprenden haciéndose. No creo que entender estas cosas sea una de esas.

Supongo que me sale naturalmente, realmente me apasionan las personas. Sus mentes, y como su lógica repercute en sus acciones… lo encuentro fascinante. Creo que entender al humano es algo casi imposible, somos tan infinitos… lo veo en mí todos los días. Cada engranaje del cerebro se mueve por un sentimiento; una pasión, un dolor. Las peores tienen de engranajes mucho rencor. A veces lo único que se necesita para entender a alguien es saber su historia. Saber por qué cosas pasó alguien, ayuda a entender cómo actuaría ante tantas otras cosas.

Ser una observadora tiene una parte de manipulación. La empatía, el poder ponerse en el lugar de otro, te da una perspectiva completa de cómo es alguien, y de sus debilidades. Y cuándo sabes por dónde entrar, nadie siquiera nota que lo estás haciendo. 

                                                                                                              -Bichu