Si no existe posibilidad de fracaso, la victoria no tiene sentido.

5 de noviembre de 2012

Dividida

Creo que una de las cosas que más miedo me da, es estar equivocada, rozando lo enfermo… y creer que estoy en lo correcto. Que aunque tengo total control de mí, y mis acciones (a mi parecer) siento que quieren convencerme de que no es así. Y peor aún, tan influenciable soy que empiezo a creerlo. Vuelvo, vuelvo a mí. Vuelvo a saber, a afirmar que no hago las cosas mal. ¿Y mi mente? Me dice que por algo es, las cosas no se dicen en vano. Y después, algún otro recoveco de mí, dice que no es posible que algo así me controle. Que algo tan enfermizo me domine. Y sobre todo, tan sin querer. Como si no hubiese intentado enfermarme antes, como si no me hubiese repetido algo a mi misma para caer en otra cosa, para morir… pero de diferente manera.

No me molesta en absoluto ser egoísta, y que el que lea esto no entienda de qué hablo. Mejor, incluso que nadie entienda. Más razones para escribir. La dama incomprendida dentro de un mundo fugaz. Sí, se exagerar yo también. Nada, para que lo tengan en cuenta.

No hace mucho me preguntaba cómo hacer para darme cuenta de cuándo  luchar por algo. Más específicamente, cuándo dejar el margen, e incursionar en el terreno.
Supongo que es cuando sabes lo que querés. Cuando querés, cuando necesitas, que las cosas tomen otro rumbo. Y cuando tenés convicción de lo que sentís. ¿Será?
De cualquier forma, dividida otra vez. Termina una función, y empieza la otra. Acomódense. Que esto va a llevar tiempo.

                                                                                                                    -Bichu  

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