Si no existe posibilidad de fracaso, la victoria no tiene sentido.

3 de noviembre de 2012

Cumpleaños... ¿Feliz?

Un año más de vida, un nuevo ritual simbólico en representación de la maduración. ¿Un “festejo de la existencia”?  Ponele.

Agotamiento, fingir felicidad, sonreír vanamente, comer como si fuera la última vez. ¿Me olvido de algo? Ah, claro… la parte en que todos esperan un festejo genial y que, por supuesto, se ajuste a SUS necesidades, y no a las de la persona en cuestión.

Los cumpleaños son lindos cuando son ajenos, así lo veo yo. No quiero organizar, no quiero ser anfitriona. Quiero hacer la mía y que nadie me joda. ¿Soy clara? Ahora, pasemos a la parte en que reflexiono acerca de por qué trato de complacer a todos. Ojalá fuese tan egoísta como digo ser. Ojalá pudiese sólo pensar en mí cuando tomo una decisión. Ojala fuese tan fácil herir los sentimientos de alguien en algo como esto… tan superficial, tan innecesario.  Cumpleaños sin estrés, no es cumpleaños.

Hoy me pasó algo lindo, a pesar de ser solitaria y de que me aburran las reuniones familiares, hoy me visitó alguien que quiero mucho. Que había olvidado lo mucho que extrañaba, y a quien me hizo muy bien ver. Que a pesar de todo, adoro… y jamás dejé de considerar mi amiga.
Entonces, no es todo malo en los cumpleaños: Los regalos son lindos, hay sorpresas que dan gusto, la gente que ves (aunque no siempre) están ahí porque te quieren, y los que querés que estén son los primeros en llegar. Quizás no es tan feo después de todo, aunque sostengo... Que me gustan más los ajenos. 

                                                                                                                      -Bichu 

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