Un buen día, pronunció aquellas palabras que me debilitaron.
Lo quise, y lo odie al mismo tiempo. Se me derritió el corazón, porque hacía
mucho deseaba esas palabras. Pero lo detesté, por hacerme sentir tan
vulnerable, tan expuesta, tan… querida.
Ese día iba a verlo. Hice todos los rituales que sabía, cada
pequeño detalle fue un placer. Tan solo pensar en estar a su lado, me hacía
temblar. Y entusiasmada por eso, emprendí camino.
Supe que era el momento, se sentía en el aire. Me besó, y lo
correspondí… lo miré, y me sonrió. Sentí sus latidos, y saboree su aroma. Lo tuve
con todos mis sentidos. Lo tuve para no dejarlo ir.
Me engatusaba, y lo sabía. Me acariciaba, me miraba con ojos
de devoción. Y eso fue lo que siempre quise. Era inexplicable lo bien que se
sentía ese silencio que se formaba entre nosotros, no era incómodo como es de
suponer, era… sublime, casi de ritual.
Ego de Rockstar, y besos de romántico. ¿Cómo no quedar cautivada?
Ego de Rockstar, y besos de romántico. ¿Cómo no quedar cautivada?
Y luego se esfumó, debí verlo venir… era tan obvio que lo
dejé pasar.
Vio mis ojos brillar, y sintió mi corazón acelerar. Ojalá hubiese visto mí sangrar; me ahorraría así el mal pasar.
Vio mis ojos brillar, y sintió mi corazón acelerar. Ojalá hubiese visto mí sangrar; me ahorraría así el mal pasar.
-Bichu
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