Si no existe posibilidad de fracaso, la victoria no tiene sentido.

14 de octubre de 2012

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Yo no lo conocía, pero quería hacerlo. Él me alagaba, porque sabía que me ablandaba. Y sin tenernos, nos correspondíamos. No sabíamos nada el uno del otro, y aun así me proclamaba suya… y yo, lo sabía mío.
Un buen día, pronunció aquellas palabras que me debilitaron. Lo quise, y lo odie al mismo tiempo. Se me derritió el corazón, porque hacía mucho deseaba esas palabras. Pero lo detesté, por hacerme sentir tan vulnerable, tan expuesta, tan… querida.
Ese día iba a verlo. Hice todos los rituales que sabía, cada pequeño detalle fue un placer. Tan solo pensar en estar a su lado, me hacía temblar. Y entusiasmada por eso, emprendí camino.
Supe que era el momento, se sentía en el aire. Me besó, y lo correspondí… lo miré, y me sonrió. Sentí sus latidos, y saboree su aroma. Lo tuve con todos mis sentidos. Lo tuve para no dejarlo ir.
Me engatusaba, y lo sabía. Me acariciaba, me miraba con ojos de devoción. Y eso fue lo que siempre quise. Era inexplicable lo bien que se sentía ese silencio que se formaba entre nosotros, no era incómodo como es de suponer, era… sublime, casi de ritual.
Ego de Rockstar, y besos de romántico. ¿Cómo no quedar cautivada?
Y luego se esfumó, debí verlo venir… era tan obvio que lo dejé pasar.
Vio mis ojos brillar, y sintió mi corazón acelerar. Ojalá hubiese visto mí sangrar; me ahorraría así el mal pasar.

                                                                                                                                   -Bichu 

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