Cuando uno escribe busca comunicar, transmitir. Y busca
hacerlo de determinada manera. Algunas veces no se encuentran las formas de
expresar las cosas tal cual las queremos. Por momentos resulta beneficioso,
pues terminamos viendo las cosas de otra manera. Pero la mayoría de las veces,
nos deja un sabor amargo, y la sensación de no haber dejado en claro lo que
deseábamos comunicar.
Esta sensación, ese gustito amargo, se llama FRUSTRACIÓN.
Por definición, “se trata de un sentimiento desagradable que se produce cuando las
expectativas de una persona no se ven satisfechas al no poder conseguir lo pretendido.”
Cuando aplicamos esto a la escritura, nos referimos a una
deficiencia de parte del escritor al no saber ordenar las palabras para decir
lo deseado.
La pregunta es, ¿Por qué pasa esto? Alguien que escribe,
debería estar acostumbrado a manejarse con palabras, a tener conocimiento sobre
cómo expresar sus pensamientos para que el lector, o lectores, comprendan lo
que quiere decir.
Aún así, con toda la experiencia, con toda la sabiduría, la frustración
nos llega a todos.
-Bichu
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