La combinación del deseo,
mezclado con los efectos el alcohol eran implacables. Lo deseaba, tanto como él
a mí. Me sentía sucumbir a sus encantos, me veía ceder, y moría por lanzarme hacia sus carnosos labios, que me
propinaban esos besos cálidos y húmedos.
El calor nos empujaba a más, y la
piel nos lo rogaba.
Sus manos se deslizaron bajo mi blusa,
recorriendo mi cintura, dulce y pasionalmente. Su sed de mí me inundaba, y me
incitaba. Entrelacé mis manos por detrás de su cuello, acariciando su cabello
enrulado; mientras el besaba cada centímetro de mi cuello.
La razón me gritaba que parara,
pero el deseo me empujaba cada vez más.
Cada vez que lograba poner mis pensamientos en
orden, y alejarme de él; volvía a encontrar sus labios pegados a los míos, sus
manos deliciosamente acariciando mi espalda, y esos ojos invitantes adorándome.
Su corazón latía fuerte, se aceleraba
cada vez que yo le dedicaba una mirada. Sus labios se fruncían cada vez que los
apartaba de mí, rogándome que los besara nuevamente.
No sé cómo, pero paré. No podía
seguir, mi razón me lo ordenaba. Besé sus labios suavemente, y con una mano en
su pecho lo aparté de mí.
Supe cuando me dedicó esa mirada
fogosa, que no pasaría mucho hasta que lo volviera a ver.
-Bichu
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