Se plantea un objetivo. Y se lo persigue, por un camino, que
contribuya a alcanzar ese fin.
Ese camino seguramente no sea la única opción, pero
elegimos. Por comodidad, por expectativas, por lo que sea. Y en ese camino,
encontraremos obstáculos, y si somos lo suficientemente fuertes, ingeniosos,
perseverantes, y ambiciosos; seguramente los pasemos… no sin ganar un par de rasguños.
Esos rasguños se convierten en cicatrices: nos recuerdan donde hemos estado,
con quién, y bajo qué circunstancias.
Y cuando llegas, te das cuenta que es el final. Que lograste
lo que pretendías. Y mirás el camino que recorriste… y si no hay nada en ese
camino, ¿qué aprendiste?
¿Entonces es más ganador el que aprende por el camino y quizás
no llegue, o el que llega a su destino sin ningún aprendizaje? Creo que ambos,
en diferentes formas claro: Sin llegar a destino, y con tanto aprendizaje
intentar de nuevo será más enriquecedor. Y habiendo llegado, conquistado el
objetivo principal, se podrá aprender de los desafíos que eso presente.
Creo que es una de esas situaciones en las que no se cuenta
ningún resultado como un fracaso. Nunca es un fracaso si te enseñó algo.
Y a veces, solo a veces, el camino a recorrer es más
importante que el objetivo a donde se quiere llegar…
-Bichu
No hay comentarios:
Publicar un comentario