Durante los años
desarrollé una conexión especial con mi papá. Puedo sentir su dolor, puedo
entender lo que siente y sentirlo correr dentro de mí. Y a él le pasa igual.
Solo con mirarnos comprendemos
que el otro está sufriendo. Cuando sé que eso sucede solo lo abrazo y le digo
que lo amo, entonces él sabe que estoy ahí, sintiendo con él.
A él se le dan mejor las
palabras, entiende un poco mejor como expresar su dolor. Yo, en cambio, no
conozco otro medio que las lágrimas. Intento ser fuerte, pero cuando duele, no
quiero dejar de sentir.
Cuando me rompieron el
corazón, a el también se le rompió. No solo por mí. Cuando él ama, ama intenso;
y así igual cuando odia. Yo perdí el amor, pero a los dos nos engañaron. Y aunque
esté sola sintiendo este dolor, y enfrentado mi corazón roto… Sé que nunca voy
a dejar de tener a mi papá a mi lado.
-Tu dolor es mi dolor,
porque lo llevo acá, en el corazón. Sos una mujer íntegra, me dijo. Me miro a
los ojos, llorosos y sin luz, y me dijo que era una mujer integra. Que iba a
ser feliz, y que toda la fuerza y el dolor iban a dar sus frutos.
Durante muchos años tuve
rencor. De todos sus errores como padre, como hombre. Pero estoy feliz de nunca
haber dejado de escucharlo, porque cuando vi su dolor, cuando vi el peso que
lleva en sus hombros… lo perdoné. Por todo, incluso por las cosas de las que
nunca me enteré.
El dice que no sabe cómo
ayudarme, que no sabe qué hacer para aliviar mi dolor. Creo que no entiende que
su deseo que querer hacer algo, aunque no haya nada que pueda hacer, es la
ayuda más bella. El mejor regalo es la presencia, y quizás no física, pero
espiritual. Esta conexión, que va a durar toda la vida, es el mejor remedio ante
cualquier dolor.
Más allá de todo, de
todos y de cualquier situación. Siempre voy a tenerte, tu consejo, tu abrazo, y
tu voz en mi conciencia, ayudándome a decidir.
-Bichu
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